Luesia

Localización de la judería de Luesia. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Probablemente, los primeros aportes judíos que acoge la localidad  se remontan a la concesión del fuero de Jaca en 1154. Sin embargo, la primera noticia fidedigna se consigna en 1368, en el acto de toma de posesión que realiza de la villa el nuncio de don López Hernández de Luna, con motivo de un legado testamentario, cuando comparecen 72 infanzones, 10 labradores y 18 judíos, de modo que contaría con una comunidad próxima a 80 personas.

A mediados del siglo XV, en que alberga una población cercana a las treinta familias, adquiere su madurez, gracias a la consolidación que le reporta la jurisdicción del arzobispo de Zaragoza, quien, como recuerda en una misiva cursada en 1421 a los jurados de la villa, son vasallos del dito senyor, e deven seyer mantenidos en aquella.

Su estructura socioprofesional se vincula al procesado y comercialización de la lana, lo que permitió capitalizar a algunos linajes un caudal suficiente para reinvertirlo en préstamos, parte de los cuales satisfacía las necesidades dinerarias de los vecinos de Sos.

Existe una intensa tradición popular, transmitida de generación en generación, que asegura que sobre la otrora ermita de San Juan, se levantó la sinagoga, accediéndose al barrio a través del Camino de la Sinoga, que arrancaría de la calle Pintón, subiendo por el gallizo de Garro. No obstante, las fuentes expresan que la judería pasó a denominarse Barrio Nuevo tras la expulsión de 1492, topónimo que todavía se conserva.

La judería se extendía, de este modo, en un recorrido sinuoso por la calle San Juan y Barrionuevo –en una porción de cuyo recorrido se ensancha a modo de plazoleta–, unidas por un entramado capilar de gallizos y callejuelas, conformando el cordón umbilical del hábitat judío, al encontrarse muy próximas entre sí.

Es un hecho contrastado que existían casas cristianas lindantes con sus viviendas, de modo que no era un espacio exclusivamente judío ni segregado. Es muy significativa a este respecto una carta expedida en 1432, por la que se insta a uno de los judíos más acaudalados de la aljama a que revenda una casa que adquirió en la Plaza Mayor, por entender “que fuesse impropio en lugar tan publico de la cristiandat tener el dito judio su habitacion”.

En la iglesia románica de El Salvador, labrada en piedra sillar en los siglos XII y XIII, se conservan sendos retablos, dedicados a los santos Fabián y Sebastián, de un lado, y San Blas, de otro, en cuyas escenas se incluyen personajes judíos ataviados a la usanza medieval. Asimismo, en la iglesia de San Esteban, que tras su restauración abrió sus puertas como Museo de Arte Religioso, exhibe una bandeja de cobre repujado y cincelado, representando en bajorrelieve el regreso de los Exploradores de la tierra de Canaán, fechada en el siglo XIV.

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Autor: Ricardo Vila

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