Huesca

Localización de la judería de Huesca. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Huesca. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Aunque ya existía una comunidad significativa en la época musulmana, las noticias procedentes de las crónicas árabes son casi inexistentes, no así tras la conquista de Pedro I en 1096. No en vano, en 1106 tuvo lugar en la catedral la conversión de Mossé Sefardí, que tomará el nombre de Pedro Alfonso, autor de la célebre Disciplina clericalis, interviniendo como padrino el Alfonso I el Batallador. Los recuentos fiscales, a comienzos del siglo XV, evalúan la comunidad en 118 unidades, lo que se traduciría en medio millar de judíos

Como citan sendos diplomas de Pedro I y Al­fonso I, desde fines del siglo XI, la judería, abrazada por muros de piedra y rejola, se situaba en el extremo poniente de la urbe, extendiéndose entre la puerta de Ramián y la iglesia de San Ciprián.

En 1251 se describe el sistema múltiple de trenques o adarbes del que disponía, y que se cerraban en determinadas festividades, especialmente en Semana Santa, para impedir los alboro­tos ocasionados por los feligreses que iban a orar a la igle­sia de San Ciprián. Los accesos más importantes estaban en la Puerta Mayor –en el extremo de la calle de los Plateros–, el de San Ciprián (calle San Jorge), las Fuentes –en las proximidades de la iglesia– y Salceras.

La arteria principal era la Carrera Mayor, también llamada de la Argentería (calle San Jorge), donde se asentaban las tiendas y talleres de sederos, plateros, mercaderes y albarderos, presentando dos tramos separados por la plaza de la Judería o de la Bercería, donde se incardinaba la alcaicería, en el cruce de las calles de Loreto y San Jorge.

Tras la expulsión pasó a ser llamado Barrionuevo. Su configuración permaneció casi intacta hasta la reforma urbanística de las últimas décadas del siglo pasado, de modo que apenas sí son discernibles los restos patrimoniales, siendo uno de los tramos mejor conservados el relativo a la calle San Jorge.

En el siglo XV hubo tres sinagogas –una más que en el siglo XIV–, la Mayor, la Mediana y la Pequeña. La Mayor, donde tenían lugar los cónclaves de la aljama, se situaba cerca del Coso, frente a la muralla de piedra de la ciudad, que paso a ser propiedad de la familia Sangüesa tras la ex­pulsión. En el extremo occidental se encontraba la Menor, cerca de la puerta e iglesia de San Ciprián. De planta rectangular, era de reducidas di­mensiones, y se ingresaba a través de un atrio o azara. Disponía de una tribuna sobreelevada para el matroneo.

La documentación del Archivo Provincial y de la Catedral, apunta a que es posible que se ubicara en los números 25 y 27 de la calle San Jorge, en las proximidades del Hotel Pedro I, una de cuyas casas, de hiladas de ladrillo, conserva un arco apuntado, en la actualidad cegado, que podía constituir uno de los escasos vestigios medievales. La Universidad de Zaragoza adquirió el primero de los inmuebles para destinarlo como espacio adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación.

El cementerio se cita en una compraventa del año 1156. Las menciones del Cartulario de Montearagón y las actas notariales lo sitúan en la parte posterior del cerro de San Jorge, junto al camino de Loreto, en los aledaños del Pueyo de Sancho.

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Autor: Ricardo Vila

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