Fraga

Localización de la judería de Fraga. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Fraga. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Su ordenamiento interno deriva de un privilegio de 1328, concedido por Guillén II de Montcada, mediante el que se garantiza la integridad del call, asegurando que no se les infligiría daño desde el castillo o el palacio, y les autoriza a erigir una sinagoga junto al Camino Real. A lo largo de su trayectoria como colectividad recibieron un fuerte influjo de las ordinaciones o takkanôt de su homóloga de Huesca, así como de los fueros aragoneses y los Usos y Costumbres de Cataluña.

Sus señores tenían licencia regia para hospedar a un máximo de cien familias, si bien en la práctica alcanzaron una media de cuarenta. Subsidiariamente, en 1333 el monarca concede permiso para que se asienten seis familias, con las mismas exenciones que los judíos autóctonos, atrayendo pobladores leridanos. Con motivo de la violencia desatada en 1391, en un contexto de una grave crisis socioeconómica, los judíos huyeron del call y se parapetaron en el castillo.

La Controversia de Tortosa agravará la situación, ya que entre los meses de febrero y junio de 1414 toman el bautismo 120 familias de las aljamas de Calatayud, Daroca, Barbastro y la propia Fraga, prendiendo también entre los estratos ilustrados. El proceso culminará cuando Martín V consienta que el obispo de Lérida consagre la sinagoga bajo la advocación de San Fabián y San Sebas­tián.

La comunidad recibió un nuevo impulso en 1436 cuando el soberano convalida sus privilegios y les cede terrenos para edificar una nueva judería, sumándose a intentos precedentes de Alfonso V. Ignoramos el alcance de estas medidas, pero lo cierto es que esta modesta comunidad perdura hasta la expulsión. Entre sus miembros más insignes se encuentra el célebre médico y rapsoda Astruch Rimoch, que adoptó el nombre de Francesch de Sant Jordi.

El asentamiento judío estuvo vinculado con la Zuda musulmana, en cuyo interior se levantó el castillo de los walís, detrás del Palacio Montcada, próximo a la mezquita principal, que constituyó la residencia de los sucesivos señores de la villa. La plaza del Hort del Hospital albergaría en su subsuelo parte de sus cimientos, mientras que las actuales calles de la Redorta Baja y de la Cárcel delimitarían, junto a la "subida al castillo" y la parte baja de la Collada (calle Doctor Barraquer), sus muros defensivos.

Los judíos ocupaban el barrio de la Collada –probable contaminación de la palabra call, que también significa en aragonés “el punto más alto”–, arteria vial que arranca de la antigua fortaleza. El recinto permaneció delimitado por un muro perimetral, al que se ingresaba a través de un portal, próximo al escarpe vertical sobre el río Cinca, situado en la calle del Barranco, o por la Plaza del Rey, adyacente con el castillo de Montcada, pasado el Forn del Ratón.

De este modo, las familias se asentarían, a partir de 1309, desde la parte alta de la calle del Barranco hasta los distintos tramos de la Collada –Doctor Barraquer y Redorta Baja–, ocupando los callejones colaterales de San Julián, Santa Irene, San Joaquín, Aitana, Escarpe, Santa Margarita y Alcarras.

Galería:

Autor: Ricardo Vila

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