Épila

04_epila

Localización de la judería de Épila. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

La aljama se halla desde 1393 bajo la jurisdicción de la familia Ximénez de Urrea, señores del viz­con­dado de Rueda y del lugar de Salillas. Mantuvo hasta 1790 las murallas que rodeaban el casco urbano, una parte de cuyos lienzos lindaban con la judería.

El proceso de señorialización que viven los territorios de las cuencas del Jalón y el Jiloca permitieron que en el último tercio del siglo XV se beneficiara de una fuerte corriente migratoria, tanto de judíos (Zaragoza, Tauste) como de mudéjares (Bárboles, Bardallur, Zaragoza). Ello, unido a su propio crecimiento vegetativo, le permitió alcanzar una población de casi trescientas personas, viviendo una de las etapas más prósperas de su historia, solo truncada con la expulsión.

La comunidad, cuya instancia gubernativa está compuesta por tres adelantados elegidos anualmente, presenta un perfil artesanal muy definido, pues su músculo productivo gravita en torno a los tejedores (30%), los sastres (25%) y los zapateros (20%).

Dado que no se aplicaron medidas segregacionistas, no contó con un barrio delimitado. De hecho, en más de dos millares de documentos notariales nunca se utiliza el término judería, lo que no obsta para que se concentraran en determinados barrios y áreas, alguna de ellas esenciales en la vida socioeconómica e institucional, como la Plaza Mayor. Rara vez todas las confrontaciones de las casas son judías, incluso en el barrio de la Sinagoga residen cristianos.

Ocupan aproximadamente ochenta viviendas, ubicándose de manera primordial en la carrera Herrerías (33%), la carrera del Burgo (17%) –en donde se asienta el hospital y horno de los cristianos–, y en el barrio de la Puerta de la Acequia (11%).

La sinagoga, que da nombre al barrio, y que en 1479 se encontraba en obras, como refrendan los pagos a los peones que intervinieron en ellas, contaba con dos puertas de entrada. El edificio se enclavaba próximo al Ayuntamiento, teniendo acceso por sendos callizos que arrancaban de la Plaza Mayor y de la calle Purnillo. De este último vial partiría un callizo y la cuesta de la sinagoga –topónimo que mantiene la tradición popular–, actualmente un espacio rodeado de solares. En su confluencia se conserva un inmueble de estructura atípica, de grandes dimensiones, que ha sufrido sucesivas reformas, y que entre otros elementos mantiene un arco fajón apuntado. No olvidemos que ya en 1396 se habla de una “sinoga biella que solia seer”.

Dispone de carnicerías, baños –en la puerta de la Peña, aguas arriba de la acequia que alimentaba las tenerías– y una tienda de comestibles –que les proveía de sar­dinas, merluza, candelas, aceite y queso, entre otros productos–, así como una red asistencial constituida por un hospital y la cofradía de “Oce Çedacot” o “Hacedores de caridades”.

Galería:

Autor: Ricardo Vila

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Visit Us On TwitterVisit Us On instagramVisit Us On Youtube