Ejea de los Caballeros

Localización de la judería de Ejea de los Caballeros. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Ejea de los Caballeros. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Las primeras familias se asentaron una vez conquistada la localidad, paliando en parte el vacío dejado por los musulmanes. Vasallos directos del soberano, responden a la convocatoria realizada por Ramiro II en 1134, donde se establece que puedan “poblar por suya, y a su libre voluntad, toda la Corona, desde las puertas Ferrizas arriba; y que la posean como suya con el castillo”.

El crecimiento alcanzado provocó que en 1208 Pedro II les asignara el cas­tillo de Ortes para que edificaran sus viviendas en el espacio que se extendía ante la torre de la Zuda –cuyos muros y torreón estaban obligados a reparar–, encaramada sobre el escarpe que cae sobre el río Arba de Luesia, en el último tramo de la calle de la Abadía y la Portaza. La judería, así, se vinculó originariamente con la alcazaba islámica.

Pronto sus habitantes necesitarán practicar en 1271 un postigo por donde transitar con sus carros y mercancías hacia el río Arba y las eras de Santa María, es decir, al Noreste. De este modo, se asentarán en el barrio de Santa María de la Corona, en torno a la plaza del Rufián y las calles Portaza, Enmedio, La Puebla y, quizás, en parte, Gramática. Los desagües citados en un documento de 1311, que canalizan el agua por la calle de la Abadía, conformarían el límite occidental.

Su población atravesó momentos críticos a causa de la Peste Negra (1348,) que se propagó entre los judíos de la “mano mayor”, al igual que sucedió en las filas del estamento eclesial. Asimismo, la presión fiscal generó corrientes migratorias de las clases desfavorecidas a otras aljamas de realengo o de señorío (Biota, Layana, etc.) en la última porción de la centuria.

En la primera década del siglo XV, cuenta con 59 unidades familiares, cuando en la villa se censa un total de 300 fuegos, lo que permite hablar de unas 250 personas, es decir, en torno al 15%, habida cuenta de que no reside población mudéjar. Su demografía se mantiene estable, pues en las reuniones celebradas en la sinagoga en la víspera de su extinción se contabilizan 65 varones adultos.

Una vez decretado el edicto de expulsión en 1492, los judíos que no optaron por el bautismo –algo menos de la mitad– iniciaron el destierro en el reino de Navarra –de donde retornaron como cristianos nuevos en 1498– o embarcaron en Tortosa con destino a Nápoles, punto desde el que una porción prosiguió rumbo al Imperio Otomano.

Aquí arraigaron diversas ramas de los Santángel, Sánchez, Cavallería y Santa Cruz, estos últimos vinculados al capítulo de San Salvador desde la primera mitad del Cuatrocientos, cuyo retablo mayor fue financiado en parte gracias al préstamo del judío Haym Baco, habitante en Albalate de Cinca.

Algunas hipótesis apuntan a que la antigua iglesia de San Juan, erigida en la calle homónima, pudiera ser la sinagoga, o bien que el antiguo Estudio de Artes –fundado por bula de Paulo III (1546)– se construyera sobre edificaciones que pertenecieron al entramado de la judería, en la calle de la Gramática.

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Autor: Ricardo Vila

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