Biel

Localización de la judería de Biel. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Biel. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Las primeras familias hebreas llegan a la villa en el siglo XI, pero no se organizarán como aljama hasta 1274 ó 1294. En 1405 se censan 51 hogares judíos, 26 infanzones y 20 cristianos pecheros, no contemplando en estas cifradas los que estaban exentos. A lo largo del siglo, cuando pasa a depender de la mensa del arzobispado de Zaragoza, su población se mantiene entre 230 y 300 personas.

Los artesanos constituyen la mayoría de la sociedad, vinculándose a la manufactura textil y peletera: zapateros (30%), tejedores (25%), curtidores y pelliceros (16%), sastres (10%) y albarderos (4%). Los mercaderes de lana constituyen una pequeña aristocracia, cuyos intereses crediticios alcanzan un área de influencia de 350 km2. En las explotaciones agrarias predominan los linares (45%) y los viñedos (40%).

La judería se sitúa a los pies del castillo-fortaleza, acaso el mayor donjon de los Reinos Hispánicos, donde pasó su niñez Alfonso I el Batallador, en cuyo costado inferior se erige la iglesia de San Martín, construida en el siglo XVI sobre un templo románico. En su sala capitular, donde se reunía el concejo medieval, han aparecido unos frescos, en proceso de restauración, con una escena donde se describe la Presentación de Jesús en el Templo, cuyos personajes están ataviados con la indumentaria judía de la época.

El barrio, dotado de una singular personalidad, se cierra mediante portales, siendo el principal el que vertía, en el último tramo de la calle Gabás, a la Plaza Baja. Su red viaria se modula en torno a la plaza de la Caudevilla –en uno de los sectores más elevados de su caserío– y la calle Barrio Verde, que surca la práctica totalidad de la judería con un recorrido zigzagueante, siendo una de las arterias de mayor longitud de la villa.  

La sinagoga, que se enclavaba en uno de los tramos de la calle Barrio Verde –en el entorno de casa La Peregrina o en casa Gabás–, denominado Barrio de la Sinoga, contaba en sus inmediaciones con un horno, hospital, limosnería y una escuela de párvulos. Según los inventarios realizados en tiempos de la expulsión, contaba con tres suntuosos Sefer Torah, adornados con nueve pares de manzanas, de los que se extrajeron casi cinco kilos de plata.

El inmueble será utilizado como casa consistorial, según acuerdan sus jurados, una vez consumado el destierro, “fasta quel lugar de Biel faga otra casa para el pueblo". Esta funcionalidad se mantuvo al menos entre los años 1523 y 1538, donde todavía los documentos notariales hablan de las "cassas del pueblo, clamadas la sinoga”.

Una vez promulgado el edicto de expulsión, un contingente de judíos escogieron como destino Sangüesa, otros embarcaron en Barcelona y Tarragona, poniendo proa a Italia y al Imperio Otomano. Fueron numerosos los que optaron por el bautismo y los que regresaron convertidos pocos años después desde Navarra. La ampliación posterior de la iglesia de San Martín pudo deberse al aumento repentino de sus feligreses.

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Autor: Ricardo Vila

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