Barbastro

Localización de la judería de Barbastro. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Barbastro. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

La ciudad contó con población judía en el período islámico. Aunque no se cita en la capitulación del año 1100 ni en el fuero de Pedro I, en la bula de cruzada Dispar nimirum del papa Alejandro II, que impulsará la primera conquista de la plaza en 1064, se advierte que los combatientes debían respetar a los miembros de esta minoría.

Bajo dominio cristiano la primera mención documental se refiere a la donación de una pardina junto a la Puerta de los Baños efectuada por Ramón Berenguer IV en 1144. Con posterioridad, Pedro II reconocerá en 1208 a sus habitantes el derecho a adquirir heredades judías, incorporándose desde 1257 a la nómina de aljamas de realengo hasta su final.

La judería se ubica en el interior de la Zuda, fortaleza de origen musulmán levantada a comienzos del siglo X, en el distrito de Entremuro. Se extendía por las calles Castellnou, San Miguel, Encomienda, la Peña, Esperanza, Entremuro y la Candelaria.

Los problemas de comunicación con el exterior condujeron a que Jai­me I en 1271 consintiera la apertura de un portal en el paño noroeste de la muralla, cerca del camino de Huesca, para que las mercancías y las acémilas salieran del recinto fortificado por la carrera de las Paúles, con la contrapartida de reparar a sus expensas dichos muros.

La sinagoga fue levantada en 1287, ocasionando que Alfonso III instruyera diligencias para comprobar si los maestros de obras se habían extralimitado en sus dimensiones. Una vez que la comunidad se disuelve, Benedicto XIII acuerda en 1415 su consagración bajo la advocación de San Salvador, habilitando una parcela contigua para inhumaciones, “el ciminterio de Sant Salvador de la Çuda”.

Esta ermita, levantada cerca de la Barbacana, era administrada por una cofradía de conversos hasta la década de los ochenta del Cuatrocientos, en que la Inquisición les obliga a colocar un crucifijo, conservando las inscripciones hebreas en yeso, la cadira utilizada por el rabino –bajo la pila de agua bendita– y la hornacina del arón donde se guardaba el Séfer Torah, disimulada tras el altar. A este respecto, existe un edificio situado en la confluencia de las calles La Peña, Esperanza y Mirador, donde hay una pequeña manzana de casas que describen un triángulo. Según la tradición, allí hubo una ermita, acaso la de San Salvador.

A comienzos del siglo XIV están domiciliadas 45 familias. Una centuria más tarde, en el censo de 1404, en que la ciudad contabiliza, excluidos los eclesiásticos, 367 hogares, junto a 8 viviendas de infanzones y 12 casas de mudéjares, los protocolos notariales registran más de un centenar de judíos adultos.

Existe un nutrido cuerpo de comerciantes, que se consolida como clase dirigente a través de enlaces matrimoniales y la constitución de compañías mercantiles. Entre las profesiones liberales destacan los físicos, mientras que el artesanado se decanta hacia la industria textil –tejedores (6%), bajadores (2%) y sastres (12%)– y de la piel –pellejeros (8%) y zapateros (28%)–; la importancia de éstos últimos se traduce en la fundación de una cofradía.

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Autor: Ricardo Vila

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