Albarracín

Localización de la judería de Albarracín. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Localización de la judería de Albarracín. Infografía: Antonio Estepa Rubio.

Los primeros tanteos por atraer una colonia hebrea se deben a Pedro III, después de rendir la ciudad en 1284. Es más, seis años más tarde les asigna unas viviendas en la Torre de Entrambasaguas y les garantiza ciertas libertades forales, pero la inestabilidad política no lo hizo posible.

Su implantación coincide con la incorporación de la ciudad a la Corona (1379), a la par que se perfila la estructura político-administrativa de la Comunidad de Aldeas (1395). El barrio adquiere su configuración morfológica en 1385, cuando el arcediano de Segorbe autoriza la venta de unos solares con ese propósito, llegando a alcanzar el centenar de viviendas poco antes de su extinción.

El espacio adjudicado al barrio judío se extendía desde la última porción de la calle del Salvador, en su arranque en cuesta, hasta la iglesia de Santa María. Aunque se prolonga en uno de sus extremos hasta la torre de Doña Blanca, se tendió un muro de delimitación para aislarla de un punto muy sensible para la defensa de la ciudad.

Según descripciones posteriores, la judería poseía un arco de ingreso de grandes dimensiones, emplazado a la altura del albergue juvenil Rosa Bríos. Asimismo, la calle de San Juan y la de Santa María, que discurre paralela, en una cota inferior, conformaban sus dos viales principales. En la actualidad no ha quedado prácticamente ningún vestigio original de su caserío, consecuencia de su abandono, ya que desde el mismo momento de la disolución se utilizó para hacer acopio de materiales de construcción. Desde el siglo XVIII comenzó a conocerse como el Campo de San Juan, tomado de la ermita homónima.

Contaba con una sinagoga muy modesta, cuya erección fue solicitada por David Barabón en 1390, asignándose una longitud de 12 metros y una anchura de 11 metros. Fernando I en 1416 se opondrá taxativamente a los intentos del obispo de Segorbe de clausurarla, impidiéndoles entrar a la oración, forzando la que parecía inminente conversión de la comunidad tras la Disputa de Tortosa. La documentación eclesiástica apoya que la ermita de San Juan, obra del siglo XVII se alza sobre su solar.

Promulgado el edicto de expulsión, los judíos que optaron por “passar a la mar” tomaron el camino de Sagunto, zarpando del puerto de El Grao en la nao La Nunciata. A juzgar por las tasas abonadas se previó un pasaje para 310 personas, setenta de las cuales estaban exentas por carecer de unos recursos mínimos.

El descenso demográfico y el grave desequilibrio en el sistema financiero provocaron una crisis estructural que pudo remontarse de forma parcial. De hecho, en la Sentencia de Las Sierras o del Montazgo de 1493 se advierte: “por razon de la expulsion et destierro de los judios que en la dicha ciudad habitavan, de la qual expulsion queda la dita muy despoblada”.

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Autor: Ricardo Vila

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