La Judería

Los judíos viven en barrios especiales denominados juderías, aunque en otras partes reciben el nombre de call (Fraga, Tamarite), hebreísmo (Zaragoza, Monzón) o judaísmo (Huesca), dependiendo de sus peculiaridades lingüísticas. Además del hebreo –lengua sagrada utilizada en la sinagoga–, utilizan de modo cotidiano el romance aragonés donde introducen expresiones en su lengua vernácula, que las fuentes denominan  judiego.

Dichos barrios, que adquieren su fisonomía en torno al siglo XIII, se enclavan intramuros, próximos a los símbolos del poder político o religioso (castillos, fortalezas, iglesias, palacios, etc.). Aunque no llegaron a estar segregadas por completo, solían estar delimitadas por muros de ladrillo o tapial, comunicándose con las parroquias cristianas a través de pequeñas puertas o trenques que se cierran por la noche o en determinadas festividades, como la Semana Santa, para procurarse seguridad e intimidad.

Tras la Disputa de Tortosa convocada por el papa Benedicto XIII y Jerónimo de Santa Fe, que supuso una auténtica convulsión por el número de conversiones, las autoridades municipales y parroquiales adoptaron medidas segregativas (Tauste, Daroca, Teruel, Calatayud, etc.); otras colectividades, por el contrario, nunca estuvieron delimitadas (Épila, Luesia, Arándiga, Albalate del Arzobispo, Luna, El Frago, etc.).

Dicho hábitat se comporta como un microcosmos dotado de una fisonomía propia, cuyo urbanismo es similar a las morerías, con calles angostas y zigzagueantes, casi laberínticas, adaptándose al espacio. Sus pobladores no escogen el distrito de la ciudad donde asentarse, sino que son los monarcas, o su señor natural, quien les asigna dónde radicarse.

Se accede a las viviendas a través de callizos, que suelen articularse en torno a un patio central abierto en el interior de cada manzana de casas, pues se preserva, por encima de todo, la intimidad de sus moradores, careciendo del concepto de fachada como los cristianos, pues el hogar es como un santuario.

Dichos callejones tienen una anchura de unos cuatro codos, para garantizar la ventilación y la luz solar, mientras que las carreras públicas alcanzan en torno a siete codos de amplitud, atendiendo a la regulación talmúdica. En algunas juderías existe una Carrera mayor o Carrera de la sinagoga, que actúa de arteria principal, en torno a la cual se levantan las instituciones comunitarias principales.

Quinientos años después de la expulsión, muchas juderías conservan, en distintos grados, su fisonomía, en especial la distribución parcelaria de sus viviendas y la red viaria. Algunas, incluso, mantienen en sus calles y plazas los nombres que delatan esta herencia multisecular: calle Sinoga (Luesia, Aguarón), Barrio Verde (Biel, Alagón), Barrio Nuevo (Uncastillo, Daroca, Luna) o Judería (Almonacid de la Sierra, Tarazona).

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