Introducción

Los primeros pobladores judíos llegaron en torno al siglo III, asentándose en el cuadrante sudoriental de la ciudad de Zaragoza, como lo atestiguan los restos cerámicos aparecidos en el Teatro Romano, aprovechando parte de su infraestructura, ya abandonada y fuera de uso, para levantar sus viviendas.

En la Alta Edad Media, cuando Aragón comenzaba a gestarse como un pequeño Reino, estableciendo su capitalidad en Jaca (1077), dejando atrás su condición de Condado, albergó a gentes de diversa condición. Así, judíos, cristianos y musulmanes –miembros de las Tres Religiones del Libro, que reconocían en Abraham a su común patriarca–, vivieron en esta tierra amparados por los Fueros y Cartas de Población.

La comunidad no fue muy numerosa desde un punto de vista cuantitativo –la influencia que ejercerán es muy superior en cuanto a su actividad intelectual y económica frente a criterios estrictamente demográficos–, ya que alcanzaron entre las nueve mil y diez mil personas a finales del siglo XV, según los recuentos o fogajes que efectuaron las Cortes aragonesas.

Los judíos son vasallos de la Corona o cofres del senyor rey, abonando un impuesto ordinario o pecha sobre sus rentas y patrimonios. Además de las comunidades de realengo, que en Aragón sumaron dieciséis –entre las más importantes figuran las de Zaragoza, Calatayud, Huesca, Barbastro y Teruel, que ejercieron un liderazgo espiritual y político en su entorno– existen otras que dependen de señoríos nobiliarios (Belchite, La Almunia de Doña Godina, Híjar, etc.), Órdenes Militares (Montalbán, Alcañiz, Monzón, etc.) e incluso del arzobispo de Zaragoza (Biel, Luesia, Albalate, El Frago, etc.).

A finales del siglo XIII las comunidades dejan de ser una simple agrupación de familias para transformarse en concejos o aljamas, con una estructura administrativa y política propia, pues, aunque se rigen en diversas materias por los fueros de Aragón, gozan de autonomía para dictar ordenaciones o reglamentos (taqqanôt), que son aprobadas por nuestros órganos de gobierno y ratificados por el soberano, no pudiendo colisionar con la legislación del reino. Dicho de otro modo, en lo posible se rigen por la Torah (la Ley revelada) y el Derecho rabínico, pero se adaptan a los dictados de la foralidad y de la costumbre.

Para pertenecer al concello o qahal, y tener derecho a voto, se requiere ser pater familias o varón adulto. Se precisa en su constitución un quorum mínimo de diez personas o minyán. Cuando una congregación no alcanza la población necesaria —bené ha-yissubin— se agrupa con otras para atender los gastos comunes y las prorratas fiscales en unas circunscripciones llamadas collecta. La primera aljama en constituirse, en el período cristiano, fue la de Zaragoza, documentada en 1175 con ocasión del pago de diezmos y primicias.

El Consejo o ansé ha-ma'amad es un órgano asesor y un mecanismo moderador del poder ejecutivo, cuyos orígenes se sitúan a fines del siglo XIII. Sus componentes –entre seis y treinta individuos– han de acreditar honestidad y moralidad, ya que son garantes del marco legal. El gobierno, por su parte, está constituido por los adelantados o secretarios (neemamim o mukdamim), en un número que oscila entre dos y cinco personas, quienes aplican e interpretan las ordinaciones y reglamentos en vigor, vigilando la ortodoxia de las prácticas religiosas y piadosas. Su cargo, que es irrenunciable, tiene una vigencia anual, pudiendo presentarse a la reelección una sola vez.

Galería:

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Visit Us On TwitterVisit Us On PinterestVisit Us On Youtube